| Con este CD, la Fundación Tavera continúa su magnifica trayectoria editorial de recuperación y rescate de documentos de difícil consulta o de especial interés, articulados en torno a temáticas a las que distintos especialistas dan coherencia y significado a través de la selección y de una presentación explicativa de los textos. La introducción que ofrece Silvia Hilton de Relatos de viajeros de Estados Unidos en Hispanoamérica, siglo XIX, supera los límites de lo esperado para constituirse en una investigación elaborada con rigor científico y enriquecida con un aparato crítico y bibliográfico más que notable. Los textos son interpretados en su carácter de documentos históricos, tanto por el modo de entender a los actores sociales que los generan como por el análisis de las motivaciones, los objetivos que se plantean y las referencias contextuales que los explican.
Relatos de viajeros de Estados Unidos en Hispanoamérica, siglo XIX se inscribe en la larga tradición que ha tenido a la región como escenario de "descubrimientos", exploraciones, itinerarios realizados por gentes de muy variada procedencia e intereses. Hispanoamérica fue adquiriendo a lo largo del siglo pasado una nueva entidad distinta a lo que había supuesto ser un apéndice colonial. Para muchos viajeros europeos la empresa de la "brutal conquista española" había terminado y las jóvenes repúblicas se convertían en escenarios de la filantrópica tarea de civilizar . Los norteamericanos se incorporaron tardía y gradualmente, y su proceso histórico ayuda a entender el porqué. Durante tiempo los Estados Unidos buscaron en Europa pautas culturales y científicas y, sobre todo, se concentraron en sí mismos, en su construcción como país. Su propia realidad ofrecía atractivos poderosos, enormes espacios y gentes diversas por reconocer e incorporar, mientras las repúblicas hispanoamericanas se debatían en luchas internas y la inseguridad superaba los niveles de riesgo que muchos estaban dispuestos a arrostrar. Sin duda, aunque el periodo queda fuera de los propósitos de esta edición, la independencia de España suscitó una corriente de simpatía por cuanto se trataba de una lucha por la libertad que las trece colonias habían emprendido años atrás. De hecho, y ahí están los testimonios, hubo norteamericanos en los ejércitos patriotas en cuyas filas recorrieron llanos, montañas y selvas.
Pero Silvia Hilton entiende que la Guerra Civil (1861-1865) supuso un punto de inflexión, y al compás de la propia expansión territorial y colonizadora, Hispanoamérica ganó en la curiosidad, interés económico y proyección política de las elites norteamericanas. En su aproximación introduce las tendencias historiográficas recientes (de las que Todorov en uno de los más reconocidos representantes) que analizan los encuentros e intercambios entre culturas teniendo en cuenta la mirada del otro, por ello insiste en cómo el discurso del viajero se construye a partir de la mediatización del bagaje de quien lo elabora. En esta línea, reconsidera el viaje como la interpretación de una realidad distinta que se percibe a partir de unos referentes, y complementariamente como parte de un proceso de autoafirmación de identidad en el que lo que se encuentra es valorado por adscripción o diferenciación con respecto a unas coordenadas dadas.
Por eso las comparaciones entre lo que se conoce y lo que se descubre son constantes y se saldan frecuentemente a favor de la realidad de la óptica del viajero. De un modo más o menos consciente o interiorizado, el destino manifiesto que se esgrimió para justificar las bondades de un modelo civilizador, se proyectó en la conciencia de la superioridad del norteamericano. Al sur del Río Grande el medio físico se percibía como más indómito, los sectores dominantes menos cultos y preparados, los indígenas más numerosos y por tanto mayor obstáculo para la modernización. Sin embargo este arquetipo no resiste el envite de otras aproximaciones, Hilton ofrece pruebas documentales de que hubo viajeros que se acercaron más abiertamente, con más respeto hacia unas diferencias que no necesariamente había que traducir en términos de inferioridad. Ponderaron las excelencias de una naturaleza exuberante y grandiosa, de unos indígenas pacíficos y laboriosos que ofrecían lo que tenían y que en muchos casos salvaron al viajero y posibilitaron el viaje. Sin olvidar el encuentro con unos anfitriones amables y cooperadores con los que existía una empatía derivada de la pertenencia a los segmentos superiores de la sociedad, aunque sólo fuera en la capacidad compartida para elaborar un discurso, privilegio que concedía la educación, lujo privativo de unos pocos.
La selección incluye los relatos de 31 viajeros que fueron editados entre 1838 y 1905 y que cubren de un extremo a otro la geografía hispanoamericana atendiendo a escenarios urbanos y a espacios aún sin cartografiar. Por razones de proximidad México fue destino privilegiado, aunque a medida que los transportes evolucionaban (navegación a vapor) las distancias se acortaron. Desde la metodología de la historia y reconociendo las limitaciones que entraña cualquier intento de categorizar lo que son conjuntos misceláneos y heterogéneos, Silvia Hilton propone una tipología de viajes en función de sus motivaciones y finalidad, advirtiendo que no se trata de una fórmula excluyente sino de una posibilidad de análisis.
Los relatos son organizados en hasta siete categorías: los viajes realizados al servicio del Estado (misiones diplomáticas en sentido amplio, tanto civiles como militares), los que se proyectaron desde una perspectiva especialmente comprometida con el protestantismo (capellanes, educadores y misioneros), los impulsados por el estímulo de los conocimientos científicos, aquellos en los que predominó el móvil económico (trabajadores, emigrantes, promotores y comerciantes), los realizados por escritores profesionales, los debidos a causas relacionadas con la salud, y los que persiguieron como finalidad el placer del viaje en sí mismo (turistas). Distingue además por su especificidad, los viajes llevados a cabo por mujeres, a veces solas las más en su calidad de consortes, que miraban la realidad desde una óptica especial. Todos y cada uno de los autores quedan insertos y contextualizados dentro de este esquema tipológico, mediante una breve pero bien perfilada caracterización biográfica con un apunte específico sobre el viaje seleccionado.
La propuesta de Silvia Hilton no es restrictiva, bien al contrario pretende mostrar lo que por encima de todo es diversidad. Diversidad en cuanto a los orígenes de los viajeros, a los escenarios, a los momentos y a los propósitos. En Relatos de viajeros de Estados Unidos en Hispanoamérica encontramos horizontes abiertos como lo son los viajes, largos caminos llenos de aventura y de conocimiento. |