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REVISTA DE INDIAS. 2000, nº 220

MARTÍNEZ RIAZA, Ascensión (comp..), La Construcción de la Identidad Iberoamericana: Textos Históricos (CD ROM, Colección Clásicos Tavera, Nº 31, Serie II, Vol. 4: Temáticas para la historia de Iberomérica), Madrid, MAPFRE Mutualidad, Fundación Histórica Tavera y DIGIBIS, 1999.

 

El presente CD ROM forma parte de un amplio proyecto que hace poco más de tres años ha iniciado la Fundación Histórica Tavera, La Colección Clásicos Tavera, cuyo objetivo es editar en edición electrónica las obras más relevantes para el conocimiento del pasado de los países, regiones y ciudades de América Latina, Filipinas, España y Portugal, así como de ciertos temas monográficos relacionados con esas mismas áreas geográficas. De hecho, La Construcción de la Identidad Iberoamericana: Textos Históricos es el tercer CD ROM editado de la serie "Temáticas para la historia de Iberoamérica" (los otros dos son: Afroamérica, la tercera raíz, a cargo de Enriqueta Vila Vilar, de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos del CSIC; y Náutica y Navegación, a cargo de José Ignacio González-Aller Hierro, director del Museo Naval).

La Construcción de la Identidad Iberoamericana recoge una cuidadosa selección de textos (26, en total) de pensadores, intelectuales y políticos latinoamericanos, que constituyen, en definitiva, diferentes modelos y propuestas de interpretación de la realidad de los países del área desde el proceso de independencia de España hasta finales de la segunda década del Siglo XX. Período complejo, polémico y reincidente para las reinterpretaciones históricas, pero fundamental para valorar el proceso de conformación de los Estados nacionales en América Latina a pesar de las diferencias regionales. La selección está cargo de una historiadora especialmente idónea para realizarla; Ascensión Martínez Riaza, profesora de la Universidad Complutense, posee sólidos conocimientos sobre el período. Por eso, una la selección de textos como la propuesta requiere de algunos criterios de explicación que la autora no pasa inadvertidos y procura aproximarnos en la introducción de la obra.

Las obras elegidas para la compilación constituyen una buena muestra para abordar el tema, aunque -como Martínez Riaza confiesa- la selección obligó a dejar de lado otros autores igualmente relevantes. Los materiales han sido digitalizados en edición facsimilar. El resultado del trabajo editorial de DIGIBIS es digno de mención porque pone a disposición del lector un acceso integral, rápido y sencillo de un conjunto de documentación que suele estar dispersa. La consulta del CD-ROM no es complicada; además, cuenta con una buena guía de ayuda, un sumario general en el que se detallan los contenidos y a través del que es posible realizar búsquedas por distintos campos (uno a uno o varios a la vez) por autor, titulo y/o palabras clave. Cada texto dispone, asimismo, de una ficha independiente en la que se señalan sus características y se incluye un índice que permite búsquedas similares a las del sumario general. El sistema ofrece, además, distintos tipos de visualización (zoom, rotación e inversión de imagen, modificación de los niveles de contraste), y permite seleccionar partes del contenido y guardarlas en cualquier otro soporte magnético e imprimirlas con una calidad muy superior a la de una fotocopia convencional. A través de este CD-ROM se puede consultar, asimismo, todos los índices de las obras de las Colección Histórica Tavera que se han publicado con anterioridad.

En la introducción, la autora explica el por qué de los textos elegidos. Primero, sostiene que son "documentos básicos" en los que se trata de reflexionar acerca de la "cuestión nacional" en el proceso de formación de los estados nacionales latinoamericanos y presenta las aportaciones teóricas más recientes y elaboradas sobre el tema -Hobsbawn, Anderson o Gellner, y Hale y Francois Guerra para el caso latinoamericano-. Segundo, considera a los autores como "autoridades" en el sentido de que su obra y actuación tuvieron incidencias sobre la realidad que se ocuparon y, por tanto, constituyen referencias ineludibles para explicar los problemas contemporáneos. Todos ellos pertenecieron al grupo dominante, se movieron en el circuito de influencias intelectuales y políticas que posibilitaba el intercambio con Europa, y actuaron en la vida pública a través de distintas plataformas –academia, política o medios de comunicación -. Algunos textos constituyeron los pilares ideológicos de programas políticos en curso; otros, en cambio, se elaboraron para manifestar la oposición al poder establecido.

La visión general del proceso se completa con otras referencias no menos importantes para encuadrar a los autores seleccionados. La preocupación por organizar a los diferentes países, resultado de la fragmentación del imperio colonial, derivó en pactos entre las diferentes facciones que luchaban por el poder y en búsqueda de modelos funcionales para establecer un estado moderno. El modelo liberal se legitimó institucionalmente y se proyectó la admiración del sistema republicano de los Estados Unidos y la idea de progreso de las naciones europeas. El positivismo fue el modelo ideológico de los programas políticos, se valoró a la educación como medio de transmisión de valores y de control social y se elaboró una historia nacional como soporte de la idea de nación. El cuestionamiento a ese modelo de "estado oligárquico" no escapa de la presentación de la obra, aunque apenas se despunta el problema debido a las limitaciones cronológicas impuestas por la selección. Las explicaciones introductoras en torno a los diferentes autores y su obras se amplían con notas complementarias que añaden referencias sociopolíticas, al tiempo que informan sobre cómo se manifestaba esa corriente ideológica y cultural en otros países de América y sobre bibliografía para profundizar cuestiones interesantes que surgen del relato.

El primer grupo de autores seleccionados actuó y escribió en los años siguientes de la ruptura con España. Dignos representantes de la "generación romántica", según Leopoldo Zea, son los argentinos Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento, y los chilenos José Victorino Lastarria y Francisco Bilbao. Defendieron todos las ideas liberales para el diseño del proyectos políticos nacionales y concebían a la herencia española como una limitación a la penetración de las ideas progresistas. Echeverría, Alberdi y Sarmiento, hombres de la "generación del 37", opuestos al régimen caudillista y autoritario que impuso Juan M. De Rosas tras años de luchas civiles en la región rioplatense , elaboraron proyectos nacionales de clara influencia norteamericana. Echeverría fue uno de los introductores de las corrientes del romanticismo inglés y francés en Iberoamérica. De él se reproducen dos obras, Dogma Socialista (1946), en la que incorporó todos los ideales de la Revolución Francesa; y El Matadero (1939), un cuadro costumbrista de la sociedad marginal de Buenos Aires, a la que atacaba simbólicamente. La incorporación a la selección de Las Bases y Puntos de Partida para la Organización Política Argentina (1952) de Juan Bautista Alberdi es más que apropiada, ya que nutrido de influencias europeas y americanas, constituyó el modelo para la elaboración de la Constitución Argentina de 1853. De Domingo F. Sarmiento se reproducen dos obras: Facundo (1915; pero que apareció por entregas en el periódico chileno El Progreso en 1845), en el que desarrolló un proyecto de nación a partir de la crítica feroz a los caudillos, apostando por pautas europeas y estadounidenses; y, Conflicto y armonías de las razas en América (1883), escrito que le permitió justificarse ideológicamente de su obra de exterminio al indígena mientras ejerció la presidencia del gobierno argentino

En Chile, a diferencia del resto de las naciones latinoamericanas, la estabilidad política fue el signo dominante. Sin embargo, al conservadurismo portaliano, se le opusieron liberales como José Victorino Lastarria y Francisco Bilbao; este último con ideas más radicales. En la compilación electrónica se reproducen los volúmenes correspondientes a los Estudios Históricos (Barcelona, 1909) de las Obras Completas del primero. En ellos arremetía contra el sistema conservador y en los que valoraba la educación como el único medio para llevar a cabo el progreso social. De Bilbao se ha reproducido El evangelio Americano (1864), obra en la que manifiesta su actitud anticolonialista y antiimperialista.

Lo cierto es que este grupo autores tiene una homogeneidad ideológica fácil de identificar y otorga cierta uniformidad al hilo explicativo. No obstante, las diferencias regionales en la evolución del proceso de conformación de estados nacionales se imponen en la selección de las obras y Martínez Riaza se encuentra con un abanico de tendencias que se encarnan en los autores, pero que apenas ahonda en la introducción, como es el Modernismo, El Hispanismo, El Indeginismo, el Positivismo y el darwinismo social. Para facilitar el proceso de formación de las repúblicas y resolver los problemas políticos sobre bases liberales y bajo la égida del positivismo era fundamental la construcción de la historia de los países. En ese sentido, en el CD-ROM están reproducidas las del colombiano José María Samper, Apuntamientos para la historia política y social de la Nueva Granada (1853); del argentino Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano (2 vols.); del guatemalteco Lorenzo Montúfar, Discursos del Doctor Lorenzo Montúfar (1897); del mexicano Justo Sierra, Historia Patria (1922); y del ecuatoriano Juan Montalvo, La pluma de fuego de Juan Montalvo (s.d.) y Sus primeras prosas (seguidas de algunos inéditos) (s.d.).

En ese espectro de diferencias también tienen su sitio en el CD-ROM otros dignos defensores de la aplicación del positivismo para las soluciones latinoamericanos como el puertorriqueño Eugenio María de Hostos, Lecciones de Derecho Constitucional (1908) y Madre Isla: (Campaña política por Puerto Rico, 1898-1903 (1939) y los peruanos Manuel González Prada, Horas de lucha (1908) y Páginas Libres (Paris, 1894) y Ricardo Palma, Tradiciones peruanas (3 vols) (1893-1894) El antillano se valió de las ideas positivistas para pensar en la independencia de las últimas colonias españolas, aunque renunciando a la imposición norteamericana. Para los peruanos, el positivismo fue la ideología de austeridad y de reconstrucción que demandaba la derrota de su país ante Chile en la Guerra del Pacífico (1897-1883), pero también la de las políticas para pensar la cuestión del indio y el problema multirracial. El panorama de pensadores peruanos se completa con José de Riva Agüero, cuya obra ha despertado más de una polémica historiográfica en el país sudamericano. Sus obras digitalizadas han sido: Carácter de la literatura del Perú independiente (1905) y La Historia del Perú (1910); obras en la que reivindicó la tradición española frente al modernismo de imitación extranjera.

Los argentinos Carlos Octavio Bunge y José Ingenieros constituyen, como bien lo señala la compiladora, los representantes más emblemáticos de la sociología positivista en América Latina. El contacto de ambos con los llamados "krausistas" españoles se refleja en sus escritos. De hecho, la obra de Bunge, Nuestra América (1903), se editó en Barcelona con un prólogo de Rafael Altamira. José Ingenieros, por su parte, en La evolución Sociológica Argentina. De la Barbarie al Imperialismo (1910) advierte sobre la necesidad de contrarrestar las medidas antisociales que la inmigración y el progreso económico habían desarrollado en la Argentina mediante reformas legislativas que regulasen las relaciones entre los trabajadores.

Al calor del cambio de siglo, las ideas positivistas comenzaron a ser cuestionadas por algunos latinoamericanos, concitando expectativas de reconciliación con lo que tenían más próximo. Desde diferentes contextos, pero con una perceptible influencia del modernismo, el cubano José Martí y el uruguayo José Enrique Rodó son los seleccionados por la autora para representar a esta tendencia de cuestionamiento de los modelos europeos y norteamericano para la elaboración de propuestas propias de la región. Ambos contribuyeron a reformular el proyecto iberoamericano basándolo en una sociedad igualitaria, popular y democrática y revalorando el elemento mestizo. De Martí se han reproducido tres obras: Patria (1925), Libertad (1925) y Nuestra América (1925). Rodó, al igual que Martí se formó en el proyecto positivista, pero acabó cuestionándolo. En Ariel: Liberalismo y Jacobinismo (1926) encarnó los valores positivos de la tradición latina y los democráticos.

Marcela García Sebastiani
Instituto Universitario Ortega y Gasset

 
 
 
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