Algunas de las empresas que se van a acometer en este fin de siglo, con el pretexto del cambio de milenio, revisten un carácter sospechosamente efímero: por su misma naturaleza conmemorativa quedarán, quiérase o no, ancladas en el siglo XX, habrán muerto sin casi nacer. Otras, por el contrario —no demasiadas— nacen ya con una vocación de futuro y con unos medios adecuados a ese espíritu proyectivo... pertenecen rigurosamente al siglo XXI. Tal acontece con la Edición Digital de las Obras Completas, Epistolario y Bibliografía del historiador europeo Marcelino Menéndez Pelayo, que se enmarca en el ambicioso proyecto de la Biblioteca Virtual de Polígrafos, una obra que pretende poner las nuevas tecnologías al servicio de la conservación del patrimonio documental y bibliográfico.
La Biblioteca Virtual de Polígrafos está a la altura de los requerimientos de la universalización cultural, que parece será una de las señas de identidad de la inminente centuria. Dentro de esa universalización cultural (que habrá de ser integradora —pero no necesariamente ecléctica—, y plural —en cuanto alérgica, desde luego, a cualquier hegemonía uniformadora— ocupará un lugar destacado sin duda, la cultura española, y por eso Xavier Agenjo ha resaltado el contexto de interés de la edición digital de Menéndez Pelayo: el hispanísmo internacional, un hispanismo que no se expresa, por cierto, sólo en lengua española, ni afecta en su interés sólo a investigadores estrictamente hispanos.
Los hispanistas anglófonos, germanófonos, francófanos, italófonos o lusófonos —e incluso eslavófonos— son legión. Pero también es numeroso el contingente de estudiosos del pensamiento y de la cultura españoles en otros ámbitos lingüístico-culturales que no pertenecen a nuestro círculo de cultura. Desde esta consideración creo que se entiende muy bien la capital reflexión que ha informado las actuaciones de Xavier Agenjo, y en este sentido no deja de ser significativa la acogida que la hispanic Society de Nueva York brindará a esta edición poco tiempo después de su presentación en Santander.
La extensión del proyecto, su envergadura, ha requerido —como no podría ser de otra manera— el concurso de muchas voluntades, camino nada sencillo que ha podido allanar el director de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, con su proverbial capacidad para compartir y contagiar ilusiones entre quienes están en, disposición de hacerlas realidad: en este caso, la Fundación Histórica Tavera, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la Fundación Universitaria Española, la Fundación Larramendi y entre nosotros, el Ayuntamiento de Santander, la Caja Cantabria y la Sociedad Menéndez Pelayo.
El protagonismo de la ciudad de Santander en este proyecto merece, por lo demás, ser destacado. En un punto de no retorno de una cada vez más efectiva —y, a mi juicio, beneficiosa— descentralización cultural, parece que Santander debe afianzar su ya privilegiada posición referencial en la geografía del hispanismo cultural, precisamente en torno al legado de Menéndez Pelayo, en la Biblioteca y Sociedad que llevan su nombre y que son depositarias de su patrimonio documental y bibliográfico. Esto hay que saber valorarlo y saludamos la anticipación de las instituciones en esa valoración.
Algunos años antes del centenario de la muerte del historiador cántabro —y por tanto al margen de alardes conmemorativos— tenemos ante nosotros una obra del hispano contemporáneo, útil al investigador, con un soporte moderno y duradero, adaptada a la demanda y con un futuro asegurado. Una obra del siglo XXI.
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